Rotorua-Wellington

Rotorua-Wellington

Nos despertamos en la pocilga con frío y salimos luego de un mini café instantáneo.
Ahora que la vi de día, la ciudad es baja y muy chica. Pero mantiene el orden y limpieza de los lugares vistos hasta ahora.
Seguimos ayudados por el clima.
La primera parada fue en una reserva maorí, en la misma ciudad de Rotorua. Allí nos explicaron el origen de su cultura, la llegada de los ingleses, métodos de comunicación., danzas y artesanías.
En la misma reserva se encuentra el geiser de Pohutu y es parte de la visita.
Con el mismo guía, había argentinos, galeses, ingleses, japoneses y sudafricanos. Se vive el clima del mundial.
El idioma inglés que se habla por estos lugares es muy cerrado y ni hablar del que manejan los maoríes, cuesta bastante entenderlos.
Imperdible el baile del Haka, en el templo maorí, que hicieron Gustavo, Pepe y Horacio.
Al mediodía partimos para Wellington, la capital del país. El viaje fue largo y siempre hay camino de montaña por lo que se hace lento…
Tuvimos algunos inconvenientes en este trayecto. Primero nos peleamos con el gallego que está adentro del gps (yo les dije que ese tipo no era de fiar), en un momento se bloqueo y nos mandó por otra ruta. Nos enojamos, pero le dimos una segunda oportunidad, siempre hay posibilidades de aprender en la vida. Nos volvió a joder. A la guantera y a callarse gallego, hasta que no entiendas no salís.
El segundo, tercero y cuarto inconveniente de este viaje fue con la ley. No entiendo esa costumbre que tienen algunos pueblos de la tierra de respetar las leyes. Cuando la velocidad máxima permitida en la ruta es 100, porque van todos a esa velocidad? Inexplicable.
La primera falta por la que nos detuvieron, con persecución y todo (si la hacemos, la hacemos bien) fue por manejo peligroso, según el simpático y veterano policeman. Nos dio la lata de rigor, nos entregó un folleto de esos que demuestran que la policía está al servicio de la sociedad (??????) y nos dejó ir.
El problema fue que alguien en el pueblo por donde habíamos pasado nos denunció, llamó a la policía y nos persiguieron.
A los cinco minutos, nos volvieron a detener por exceso de velocidad. Está vez nos persiguió un simpático gordito de vida aburrida y bucólica. El tipo venía en la dirección contraria, dobló en U y nos corrió. Charla de rigor, simpatía al por mayor pero nos acostaron con 120 dólares de multa. Decía el gordito que nuestra velocidad era de 117 km por hora y también nos dejó en claro que en su país son muy estrictos con las leyes. Nosotros le dijimos que en el nuestro también, pero no nos creyó. Se barajó la posibilidad de decirle: “maestro, como podemos arreglar esto”, pero nos pareció mejor cerrar el pico y seguir.
Un rato después, nos volvieron a detener para control de alcoholemia, esta vez pasamos sin problemas.
Llegamos a Wellington cansados y de noche, nos volvimos a pelear con el gallego. Una oportunidad no se le niega a nadie, pero demostró que es un resentido.
La ciudad parece más vieja que Auckland y el hotel está bien.
La única contra es que me tocó en suerte compartir cama con Gustavo, porque la parejita de Horacio y Pepe está peleada, decidieron poner un poco de distancia en su relación, y nos dieron la matrimonial a nosotros.
Definitivamente soy un persona con suerte.

Entrada a la reserva

Trabajos en madera

Otro

Geiser brotando

Tres maories latinoamericanos

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