Recuerdos de Leicester City

Leicester City Football
Ahora que está en boca de todos porque el Leicester City Football Club, salió por primera vez campeón de fútbol de la Premier League en sus más de 100 años de historia, se me vino a la mente aquella noche de fútbol en un parque de la hermosa ciudad del condado de Leicestershire.
No sé si fue cierta, fue producto de mi imaginación o tal vez alguna copa de más agiganta el borroso recuerdo.
Habíamos arribado a Leicester  por la mañana en tren, provenientes de Londres y el motivo de la visita era ver a Los Pumas en el tercer partido del Mundial de Rugby 2015, la sede de dicho partido, fue justamente el estadio de los Foxes.
Leicester es una de la ciudades mas antiguas de Inglaterra y su historia se remonta a más de 2000 años.
Es una ciudad pequeña, amable, tranquila y llena de etnias que arribaron al Reino Unido en los últimos años.
Vimos el triunfo y la fiesta de Los Pumas, que vencieron a Tonga por 45 a 16. Luego de eso, los cholulos se sacaron fotos con los jugadores y finalmente nos fuimos a recorrer la ciudad.
Con toda la comitiva Centralista cenamos en un restaurant del Centro Cívico y como quedaba algo de cuerda, emprendimos el camino al Fun Zone. Aclaremos que respetando las costumbres del lugar, a las 21:30 ya habíamos terminado de cenar.
Al llegar al parque, algo así como los bosques de Palermo en Buenos Aires, vimos que en el famoso Fun Zone, no quedaba ni el loro. Los gentiles vigiladores del lugar, explicaron que la fiesta había terminado y nos invitaron a retirarnos.
Al  volver sobre nuestros pasos por la senda de entrada al parque vimos una cancha de futbol 5 iluminada en la que varios africanos veinteañeros se divertían pateando una pelota redonda.
Horacio los vió y tiró la idea: “desafío?” Lo miramos como si se hubiera tomado un litro de absenta, pero no, parecía cuerdo el hombre y ante nuestro espanto repitió y gritó: “vamos cagones, hagamos desafío”.
Ante la más mínima duda de nuestra gallardía y de que nos tilden de miedosos por el resto de nuestra vida, aceptamos sin muchas ganas.
Los muchachos africanos, nos miraron con desdén y luego de aceptar el desafío en inglés, mascullaron en su lengua algo indescifrable, pero estamos seguros que los subtítulos porteños deben haber sido: “a estos gorditos nos los comemos crudos”.
La indumentaria de los nativos era la adecuada para un jugador de futbol. La nuestra también era perfecta, pero para un turista cincuentón que había salido del hotel 12 horas antes. Es decir, jeans, zapatillas o borceguíes, por las dudas mucho abrigo, campera, pasaporte, celulares, tarjeta de crédito y algo de dinero en la cintura. Eso sí, todos teníamos la camiseta de Los Pumas o de Central Buenos Aires puesta.
El equipo fue formado por Horacio, y su decisión fue que quien esto escribe, vaya al arco. No me dejó salir aduciendo que mi vehemencia en el trato con los contrarios podría terminar en alguna dependencia policial.
La idea de jugar con los morochos, en un parque, de noche y a 10000 kilómetros de casa, fue suya. Podríamos haber terminado degollados en una ruta y al señor le importaba más mi supuesto juego brusco. En fin, los capitanes son así, ven el árbol y no el bosque.
La zaga, impasable, estuvo compuesta por el mismo Horacio y por Gabriel. En el medio nuestro émulo de Ortigoza, fue Tato y la delantera compuesta por Pepe y su hijo Alejo. Ahí fuimos los seis a morir.
Los africans boys, nos bailaron como lo hizo Brasil con Argentina en el mundial del 90. La pisaban, la amasaban, la tocaban, se divertían con nosotros pero pateaban muy de vez en cuando al arco. Las pocas veces que lo hicieron las atajé.
Realmente la veíamos pasar, alguna que otra vez,  por propias distracciones de ellos (les sonaba el celular), nos la prestaban un rato y pateábamos algún tiro al arco, pero el arquero también se mofaba de nosotros y atajaba acostado en el piso.
Lo cierto es que, milagrosamente, el resultado seguía 0 a 0 y como en una repetición de aquél partido de la selección de Maradona y luego de las burlas de los amigos africanos, Tato tomó la pelota en el medio campo, quebró la cintura, pasó un negrito de largo en cámara lenta, y antes de que otro se le tirara a lo pies, despachó un derechazo que viajó y se clavó en el ángulo izquierdo del arquero contrario. GOOOOL!!!! Risas, gritos, abrazos de gol de nuestro lado y desazón, incredulidad y algo de bronca del otro. La historia del deporte en esa plaza inglesa.
Un par de minutos más de juego y luego de que el capitán tirara la pelota a la frondosa oscuridad del parque, de común acuerdo, se dio por terminado el encuentro con una gran victoria nuestra por 1 a 0.
Y así fue que, en el país de los inventores de todos los deportes modernos, en la ciudad en donde se encuentra sepultado Ricardo III; la ciudad con pasado Romano, Vikingo, Danés y Sajón. Seis argentinos inconscientes, ganaron un partido de fútbol que estaba perdido antes de empezar.
La noche terminó en un típico pub inglés tomando cerveza, y relatando una y otra vez con una gran sonrisa, la experiencia que vivimos.
No hay registro fílmico o imágenes del encuentro. Justo en esta época en donde lo que no está filmado o fotografiado no existe, lo único que nos queda es la memoria.
Habrá sido cierto???
Hasta la próxima.

3 comentarios

Archivado bajo Crónicas deportivas, Inglaterra, Leicester

3 Respuestas a “Recuerdos de Leicester City

  1. Javier Vilela

    Alucinante!

    Date: Tue, 3 May 2016 04:00:07 +0000 To: vilela_javier@hotmail.com

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  2. Andrea Cohen

    Lo leímos con Juani y esta buenísimo. Es tal cual porque yo tuve que escuchar ese relato varias veces. Bravo por Ortigoza!

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