Recordando Lisboa (Pablo)

 

Pablo
Sexta entrega de las lembrancas portuguesas.
Con Pablo, nos conocemos hace poco tiempo, pero es de los que está siempre, y no sólo cuando de diversión se trata. Va el frente, adentro y afuera de la cancha.
Nota del editor: el autor corrigió su texto 30 veces por lo menos.
Va la versión que por el momento es la definitiva.

 

Esto dijo nuestro embajador al regreso del viaje:  
Muchísimas gracias a TODOS por TODO
Bueno, la verdad es que este texto podría quedarse en el título, pero voy a dar algunas precisiones.
Muchas gracias al Capitán Woody y a sus “17 Locos”, que con su decidida determinación hicieron posible lo imposible: que ellos y que tantos otros pudiésemos volver a jugar en Central, con Central, para Central (en mi caso, había dejado de hacerlo en el ’86 por circunstancias personales, y siempre en mis fantasías épico–deportivas con el rugby seguí vistiendo esa camiseta, la única).
Muchas gracias a todos los que se sumaron luego, porque a esta altura ya sabemos bien, a nivel teórico–práctico, que un equipo de veteranos no debería presentarse a un encuentro con menos de 20 o 25 jugadores. Pero gracias también porque ese quorum no es solo numérico: no me abandona la sensación de que tanto los refundadores como los que fueron apareciendo estaban, en general, entre los mejores tipos del Club (excepción hecha del que suscribe, claro) y entre los que más amaban estos colores. Al respecto y en especial, muchas gracias a todos mis antiguos entrenadores, por lo que me enseñaron y por lo que me inculcaron; y, a seis de ellos (Fabi, Wally, PP Peñalva, el Pesca, Arturo y Fede Castro D.) aún más especialmente, por haberme hecho el honor -ahora, con los Classics- de que entráramos a la cancha formando parte de un mismo plantel.
Muchas gracias a los camaradas que se interesaron en saber -con mucha generosidad, delicadeza y cariño-si precisaba algo para llevar a cabo el viaje.
Y muchas gracias también a Karina, que me tuvo más paciencia que de costumbre, a lo largo de los meses de preparación y horas de trabajo extra previos a realizarlo.
Y muchas gracias a Santi Degesi, que consiguió un alojamiento de súper lujo en Sevilla, que me hizo conocer gente de ahí con la que me sentí como en casa y que resultó ser un gran compañero de ruta, con un estilo muy apto para convivir con detallistas como el que suscribe.
Y mi agradecimiento no es solo, ni sobre todo, por los días fantásticos e inolvidables en Lisboa (en realidad, a esta altura, con 4 o 5 giras encima, y tantas noches de Sede y fútbol y tenis y entrenamientos y asados y discusiones y abrazos y entierros y abrazos y cumpleaños y gestos y bromas y enojos y más abrazos, sé que con la inmensa mayoría de los integrantes del plantel la pasaría increíblemente en cualquier lado): si no existieran los Classics, si no hubiéramos hecho este viaje, quizás hubiera seguido buscando, indefinidamente, un improbable momento ideal para regresar por primera vez a Barcelona, la ciudad en que nací y de la que llegué a Buenos Aires a los 4 meses de edad, y que -como dicen los jóvenes- “me rompió la cabeza” en este reencuentro que se demoró 48 años. (Un agradecimiento particular aquí para Julito Allende, que me recibió muy sorpresivamente en “El Prat”, sabiendo que arribaba en la tarde de mi cumpleaños, y que fue un inigualable promotor y compañero de los festejos que se extendieron hasta altas horas de la madrugada).
Muchas gracias también entonces a mis padres, por haberme engendrado y tenido en una ciudad tan elegante, tan antigua y modernamente hermosa, de tan buen gusto y tan creativa, tan amada y tan amable.
Y muchas gracias, por sobre todo, a Dios –“fuente de toda razón y justicia”, como dice nuestra Carta Magna, que es nuestra Ley Suprema e indiscutible…-, cuya Providencia gobierna cada detalle y cada mínimo suceso del Universo, y a Quien le debo, por lo tanto, todo lo antedicho.
Y, por último, ¡gracias también a ti, oh admirable lector, por tu paciencia!: te suplico que no culpes a otro sino a mí de lo extenso y minucioso de este agradecimiento: ocurre que -aunque no es posible- no quería olvidarme de nada ni de nadie, quizás porque tengo rasgos obsesivos y cierta tendencia al Barroco.
¡Vamos Central, carajo!
Pablo C.G.

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Archivado bajo Central Buenos Aires Classic, Crónicas deportivas, Lisboa, Portugal

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