Amaneció nublado y frío en «Little Edimburg». La caravana mágica salió a recorrer la ciudad que estaba desierta y mojada por la lluvia. Sin rastros de la alegría inglesa o de la decepción argentina. Todo limpio, no hay latas, no hay basura, sin nada. Muy poca gente.
Dunedin es una ciudad universitaria, al estilo de La Plata en Argentina. Acá está la sede de la Universidad de Otago y viven estudiantes que llegan de todo el país.
Pocos negocios abiertos en el centro. Quedan si, algunas motorhomes de argentinos.
Visitamos Cadbury (chocolate) y Speight´s (cerveza).
A la tarde, a pesar del frío polar, fuimos a ver el mar. Despues de varios días aquí, nos sigue asombrando la falta de rejas y la pulcritud de todo. En un club de rugby muy modesto al lado de la playa, el pasto estaba impecable y chicos de diferentes edades, jugaban criket y pateaban a los palos. Era el atardecer de un domingo nublado y lluvioso.
Mañana nos vamos a Queenstown.
Archivo mensual: septiembre 2011
Dunedin
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Haka
Haka no apto para personas impresionables o con problemas cardíacos.
Debía este post.
Pensar que el Haka es un ritual o danza guerrera milenaria… Hasta hoy!!!
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Himno
Himno
Este fue un momento especial, imposible describirlo adecuadamente. Nobleza obliga, los ingleses lo cantan aún más fuerte que nosotros.
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Mas del primer partido
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Argentina 9-Inglaterra 13
Dunedin
Argentina 9 Inglaterra 13
Llegó el gran día. Vinimos a esto.
Nos despertamos temprano y comenzamos el trayecto a Dunedin. Una caravana impresionante de autos y motorhomes, todos despacio y respetando.
Ni bien arribamos a Dunedin fuimos a la plaza central y era una fiesta. Pusieron un escenario sobre la calle principal y todos los negocios del centro dan la bienvenida tanto a “argies” como a “english”.
Conseguimos las últimas dos habitaciones de un motel alejado 20 cuadras del centro.
Decidimos ir a la cancha caminando, previo paso por el centro.
Los ingleses se toman todo el alcohol antes del partido y ahí en el Octagon se mezclaban con los argentinos.
Es todo muy raro para nosotros, esa cantidad de alcohol en una sociedad como la nuestra es, por lo menos, peligroso.
Aquí no hubo una palabra de más. Cantaban los himnos, bailaban y gritaban.
Nos prendimos un rato y seguimos para el estadio. En el camino nos invitaron una cerveza en un bar repleto de adolescentes chilenos alentando a Los Pumas.
El estadio es una maravilla. Nuevo, techado y recién terminado, se inaugura hoy.
Abrieron las puertas y la entrada fue ordenada, todos mezclados con los ingleses.
Los mayoría de los locales está con nosotros, aparentemente tienen cuentas pendientes con su madre patria. Nosotros también.
Un capítulo aparte son los disfraces, desde cruzados con espadas, hasta pumas gigantes, pasando por enteritos, presos, caballeros y turbantes.
Subimos la escalera y allí estaba, las luces, el césped, la música, las pantallas gigantes y nosotros.
Atrás nuestro se sentó Loffreda con esposa e hijas, gentilmente se sacó un par de fotos a pedido de Pepe. Gustavo lo llamaba “Tano” y Pepe “Sr. Loffreda”. El pobre tipo todavía debe estar soñando con las palabras de Gustavo, quien decidió comentar y “opinar” el partido con su amigo el Tano.
Calentamiento de los dos equipos, Wilkinson practicando cerca.
Himnos y partido.
Que decir del partido, escribo esto, dos días después, y nos dura la bronca.
No merecimos perder.
Sabía que se le podía ganar y que sería cerrado. Los ingleses no pudieron hacer nada, apareció como siempre ese plus de los jugadores argentinos. El que pronosticaba un carro a favor de Inglaterra no sabe nada de rugby. Cometimos un error y fue try.
Terminó el partido, saludamos al Tano y no hablamos entre nosotros por lo menos por 15 cuadras.
Cenamos en un restaurant italiano del centro. En el trayecto, gente de diferentes edades, nos dijo: Bad luck, you deserve to win!!
Sin duda que fue así
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Wellington-Picton-Christchurch
A Wellington, la vimos de noche. Llegamos de noche y nos fuimos apenas amaneció. No pudimos conocer mucho, sólo fuimos al centro a cenar a un restaurant hindú.
Embarcamos en el ferry que cruza a la isla sur. Es un barco enorme, con capacidad para autos y camiones.
El viaje en ferry dura casi 4 horas, cruza el estrecho de Cook, en un mar Pacífico, casi transparente. Lamentablemente hicimos el cruce en medio de una tormenta, con lo cual la visibilidad era muy baja.
Hoy comienza el Mundial, y se nota. Todo es negro con la hoja de helecho.
Llegamos a Picton, en la isla sur, y emprendimos el camino a Christchurch. Como por arte de magia salió el sol.
Este trayecto es de casi 400 km, pero con camino de montaña, con lo cual se hace largo y tedioso por los famosa velocidad máxima. Aprendimos la lección.
El camino es otro paraíso, a la derecha montañas nevadas y a la izquierda el Pacífico sur. Imposible describirlo adecuadamente.
Christchurch es la ciudad en donde originariamente iban a jugar Los Pumas, pero a causa del terremoto, se decidió cambiar.
Quedan los rastros en algunos edificios medio derrumbados y en rutas y caminos en reparación.
Llegamos tarde al hotel, buscamos las remeras de Argentina y nos fuimos al parque en donde se juntaba la ciudad para ver la ceremonia inaugural y el primer partido de los All Blacks.
En un gran predio cerrado de esa plaza, algo así como los bosques de Palermo, pusieron tribunas y dos enormes pantallas. Una verdadera fiesta. El rugby es más que una pasión y los All Blacks están por todos lados.
En la plaza había gente de todas las edades. Desde chicos de primaria hasta ancianos. Todos en familia.
Los adolescentes grandes, acostumbran a ponerse un disfraz de cada país. Es así que había Pumas gringos por todos lados. Al principio los veíamos con la camiseta Argentina y saludábamos en español, pero en la respuesta nos dimos cuenta que eran falsos Pumas.
Hay con el clima en este lugar, que todavía no pudimos descifrar. La noche de la inauguración el frío era tremendo y nuestro abrigo no fue suficiente. En cambio los locales, y no sólo los adolescentes, no tienen frío. Había gente en ojotas y bermudas.
La ceremonia inaugural fue sobria y el partido un trámite para los All Blacks.
Mañana nos toca a nosotros.
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Rotorua-Wellington
Rotorua-Wellington
Nos despertamos en la pocilga con frío y salimos luego de un mini café instantáneo.
Ahora que la vi de día, la ciudad es baja y muy chica. Pero mantiene el orden y limpieza de los lugares vistos hasta ahora.
Seguimos ayudados por el clima.
La primera parada fue en una reserva maorí, en la misma ciudad de Rotorua. Allí nos explicaron el origen de su cultura, la llegada de los ingleses, métodos de comunicación., danzas y artesanías.
En la misma reserva se encuentra el geiser de Pohutu y es parte de la visita.
Con el mismo guía, había argentinos, galeses, ingleses, japoneses y sudafricanos. Se vive el clima del mundial.
El idioma inglés que se habla por estos lugares es muy cerrado y ni hablar del que manejan los maoríes, cuesta bastante entenderlos.
Imperdible el baile del Haka, en el templo maorí, que hicieron Gustavo, Pepe y Horacio.
Al mediodía partimos para Wellington, la capital del país. El viaje fue largo y siempre hay camino de montaña por lo que se hace lento…
Tuvimos algunos inconvenientes en este trayecto. Primero nos peleamos con el gallego que está adentro del gps (yo les dije que ese tipo no era de fiar), en un momento se bloqueo y nos mandó por otra ruta. Nos enojamos, pero le dimos una segunda oportunidad, siempre hay posibilidades de aprender en la vida. Nos volvió a joder. A la guantera y a callarse gallego, hasta que no entiendas no salís.
El segundo, tercero y cuarto inconveniente de este viaje fue con la ley. No entiendo esa costumbre que tienen algunos pueblos de la tierra de respetar las leyes. Cuando la velocidad máxima permitida en la ruta es 100, porque van todos a esa velocidad? Inexplicable.
La primera falta por la que nos detuvieron, con persecución y todo (si la hacemos, la hacemos bien) fue por manejo peligroso, según el simpático y veterano policeman. Nos dio la lata de rigor, nos entregó un folleto de esos que demuestran que la policía está al servicio de la sociedad (??????) y nos dejó ir.
El problema fue que alguien en el pueblo por donde habíamos pasado nos denunció, llamó a la policía y nos persiguieron.
A los cinco minutos, nos volvieron a detener por exceso de velocidad. Está vez nos persiguió un simpático gordito de vida aburrida y bucólica. El tipo venía en la dirección contraria, dobló en U y nos corrió. Charla de rigor, simpatía al por mayor pero nos acostaron con 120 dólares de multa. Decía el gordito que nuestra velocidad era de 117 km por hora y también nos dejó en claro que en su país son muy estrictos con las leyes. Nosotros le dijimos que en el nuestro también, pero no nos creyó. Se barajó la posibilidad de decirle: “maestro, como podemos arreglar esto”, pero nos pareció mejor cerrar el pico y seguir.
Un rato después, nos volvieron a detener para control de alcoholemia, esta vez pasamos sin problemas.
Llegamos a Wellington cansados y de noche, nos volvimos a pelear con el gallego. Una oportunidad no se le niega a nadie, pero demostró que es un resentido.
La ciudad parece más vieja que Auckland y el hotel está bien.
La única contra es que me tocó en suerte compartir cama con Gustavo, porque la parejita de Horacio y Pepe está peleada, decidieron poner un poco de distancia en su relación, y nos dieron la matrimonial a nosotros.
Definitivamente soy un persona con suerte.
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Waitomo y Rotorua
Empezamos el nuevo día en Auckland a las 6 de la mañana, dicen los expertos que es por el cambio de horario. El clima sigue ayudando.
Hay graves problemas entre los cuatro viajeros por el nivel de ronquidos. Todos se enojan y nadie se hace cargo del propio. Es igual que con Cristina, nadie la votó. Aquí nadie ronca.
Salimos de Auckland con dirección a Waitomo Caves, una serie de cuevas que están aproximadamente a 200 km. de la ciudad. Costó algunos kilómetros acomodarse al volante en la derecha, pero no fue tan difícil como parecía.
La ruta siguió impecable, lo mismo que los campos. Está todo sembrado y lleno de animales. El paisaje es impresionante.
Llegamos a Waitomo, después de almorzar. Las cuevas, son rarísimas, miles de estalactitas y estalagmitas. En una de ellas hay una especie de gusano luminoso pegado al techo. En realidad son miles de gusanos y parece una constelación.
Luego de Waitomo nos fuimos a Rotorua, adonde llegamos casi a la hora de cenar.
Por todos los pueblos por los que pasamos, hay clima de mundial, preguntan de donde somos, y lo llamativo es que saben donde queda Argentina. La gente es muy amable al igual que el gallego del gps, que nos llevó de un lugar a otro sin problemas.
En cada escuela o plaza hay una cancha de rugby. Es la religión de este lugar.
El hotel que nos tocó en suerte en Rotorua, es una pocilga barata, fría y con olor a frito, atendida por un chino sonriente. Ninguna de nuestras esposas entraría a un lugar como este y la verdad es que hacen bien.
Vamos de nuevo con el concierto nocturno.
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Mas fotos del día en Auckland
Mas fotos del primer día y presentación de los Wallabies
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Primer día en Auckland
Llegamos del largo vuelo muy cansados, migraciones, equipaje y trámites. Como conté en el post anterior, el lunes desapareció.
El día nos recibió con bastante calor y soleado.
Empezamos por el auto. El que habíamos reservado no fue posible localizarlo, y como en Hertz nos cobraban demasiado, terminamos con un malayo simpático que nos subió a su camioneta y nos vendió un buzón.
Imperdible la primera discusión del viaje entre Gustavo y Horacio tratando de pelear el precio del auto.
Nos alquilaron una camioneta Toyota que está bárbara. Garroneamos el gps y salimos.
Siempre detesté el gps, pero la verdad es que nos llevó hasta el hotel perfecto. Dejamos al auto y salimos a caminar.
Hay clima de Mundial por todos lados, en los negocios, en la gente local y obviamente en los turistas.
Lo que llama la atención además del volante a la derecha es la limpieza de la ciudad y el silencio. Nadie toca bocina.
Almorzamos en el puerto, algo parecido a Puerto Madero, pero con mar celeste. Nos mataron!!! por el precio y por el tamaño de las porciones. Luego paseamos en lancha por la bahía y finalmente fuimos a ver la bienvenida de los Wallabies a Auckland.
Hicieron una ceremonia para recibir a sus hermanos australianos en donde se mezcla la cultura aborigen con el formalismo inglés. Interesante. Sobre todo para un latinoamericano.
Nadie se puede imaginar un recibimiento semejante a un seleccionado brasileño, ni siquiera a uno uruguayo, en una plaza del centro porteño, a tres días de empezar un mundial. No sé como lo hacen.
A la noche subimos a la emblemática torre desde donde se puede ver toda la ciudad.
Les dejo algunas fotos, mañana sigo, nos vamos de Auckland.
Llegamos a Auckland
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